Código 5: un juego de deducción para donde no puedes despistarte
Este fin de semana hemos estado jugando a Código 5 en una sobremesa que, entre una partida y otra, terminó alargándose durante más de dos horas.
Hay una cosa que me gusta mucho de este juego, las reglas son bastante sencillas, pero eso no quiere decir que la partida lo sea.
Te cuento un poco de qué va.
Cada jugador tiene delante cinco números.
Los demás pueden verlos.
Tú no.
Y tienes que descubrir cuáles son antes de que los demás consigan averiguar los suyos.
Código 5 es un juego de Ludilo para 2 a 4 jugadores, desde 8 años y con partidas de unos 15 minutos.
Y aunque vas a ver que la mesa se llena de números, no es un juego de cálculo.
El juego va de deducir, deducir y hacerlo antes que los demás.
Ir quitando posibilidades
Al empezar la partida ya tienes información que te va a permitir tachar algunos números.
Verás los números del resto de jugadores y también hay varias fichas con el número visible en el centro.
Todos esos números ya sabes que no pueden ser tuyos.
Así que empiezas a tachar.
“Este no porque lo tienes tú”.
“Este tampoco, que acaba de salir”.
“Aquí ya solo me quedan tres posibilidades”.
Y poco a poco en ese tablero van quedando cada vez menos números sospechosos de ser los tuyos.
En cada turno sacas una nueva ficha y después puedes conseguir información sobre tus propios números.
Puedes descubrir dónde estaría colocado un número respecto a los cinco que tienes ocultos o comparar los puntos de una ficha visible con una de las tuyas.
Y aquí empieza para mí lo interesante.
Porque no se trata solo de recibir pistas.
Tienes que decidir qué información necesitas.
Quizá uno de tus colores todavía está demasiado abierto y te interesa acotarlo.
O quizá ya dudas solo entre dos y prefieres comprobar una característica concreta.
Una pista sola muchas veces no resuelve demasiado.
Lo divertido es ir juntando todo lo que sabes.
Ese número está entre el 30 y el 46.
El 36 acaba de salir.
El 41 lo tiene otra persona.
Y con una pista anterior ya habías descartado varios más.
Vuelves a mirar y ahora la cosa cambia.
Eso es Código 5.
Mirar, descartar y volver a mirar hasta dar con tus 5 números.
En Código 5 mejor no despistarse
Hay turnos, pero entreturno hay poco y es que cada ficha que saca otra persona también te da información.
Ese número tampoco puede ser tuyo.
Así que toca seguir pendiente de la mesa aunque no estés jugando tú.
Y esto me gusta especialmente para partidas con adolescentes, ya que no puedes desconectar hasta que vuelva a tocarte.
Además vas viendo cómo los demás empiezan a tachar números cada vez más rápido.
Mala señal. 😂
Porque en cuanto alguien cree conocer sus cinco números puede decir Código 5.
No hace falta esperar a su turno.
Pero solo hay un intento y ahí aparece otra decisión que tienes que tener en cuenta.
Tienes cuatro números clarísimos y dudas un poco con el quinto.
¿Dices ya Código 5 y te la juegas?
¿Esperas otra pista?
El problema es que mientras tú esperas, los demás también están terminando.
Especialmente interesante con adolescentes… y también a dos
La edad recomendada es desde 8 años, pero personalmente lo veo especialmente bien con preadolescentes, adolescentes y adultos a los que les gustan los juegos de lógica y deducción.
No tiene unas reglas complicadas ni necesita una explicación larga, pero durante toda la partida hay que pensar.
Y esto en casa con preadolescentes nos viene muy bien.
Partidas de 15 minutos y un juego en el que nadie necesita que le dejes ganar.
También me gusta bastante a dos.
Lo he jugado tanto con Beatriz como con mi hija mayor.
Se convierte en un duelo, tú intentando resolver tus cinco números y la otra persona haciendo exactamente lo mismo delante de ti.
Con tres o cuatro hay más fichas apareciendo y más información nueva, pero funciona bien en ambos casos.
Y creo que eso explica el motivo por el que Código 5 está gustando tanto.
Es sencillo de entender, pero no tienes la sensación de estar jugando en automático.
Siempre hay algo que mirar.
Algo que descartar.
O una decisión que quizá, dos turnos después, descubres que no fue precisamente la mejor. 😅
Y entonces termina la partida, miras al otro y dices:
“Venga, otra”.
Porque ahora seguro que lo haces mejor.